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Las etnias que habitaban tanto la península como Borneo, viven de la pesca, la agricultura y algunos han emigrado a los grandes núcleos urbanos para trabajar en la construcción o en la industria.

Hacia los años sesenta del siglo XX, el gobierno malayo creó reservas aborígenes e inició un programa para ‘modernizar’ a los ‘orang asli’.  

Muchas tribus nómadas fueron sedentarizadas en las reservas, conocidas como ‘kampungs’ para que tuvieran acceso a la medicina moderna y a la educación oficial. A pesar de los cambios económicos y culturales, muchos pueblos aborígenes han conservado su lengua y tradiciones ancestrales, basadas en el culto a los antepasados y a los espíritus de la naturaleza.

En los bosques protegidos del centro de la Península Malaya, y en muchas áreas de jungla virgen del estado de Sarawak todavía viven grupos de’orang asli’ al margen de la civilización oficial.

Están compuestos por grupos de raza melanesia de corta estatura, pelo rizado y piel oscura, y pueblos de raza mongoloide, originarios de las islas de Indonesia. Ambos grupos culturales se dedican a la caza y a la recolección, desplazándose regularmente por la selva.

Mientras estas poblaciones evolucionan al margen de los grandes cambios económicos, a sólo dos horas en avión se erigen los que fueron, hasta hace un par de años, los edificios más altos el mundo, la famosas torres gemelas de la compañía Petronas (Petróleo de Malasia). Malasia es un país de grandes contrastes y éste es, precisamente, su gran atractivo.